cuando uno se empeña en hacer jugar las cartas, no importa lo que te caiga, ya sea bueno o malo, no hay forma de hacer una buena jugada, una veces por impetuoso, otras por ignorante, otras por no tener en cuenta a los compañeros de mesa, otras por exceso de confianza, quieres aumentar tus fichas y vas a manos que no son recomendables, y así un día y otro, sin dar pie con bola y sin saber como ni por que esa racha desaparece, un toque de magia, todas las manos cuajan, esperas y conservas la paciencia y los nervios desaparecen, notas que las rachas malas son mas cortas y llevaderas y aprendes de los fallos, incluso llegas a aplaudir al adversario que se queda con todas tus fichas en una jugada magistral,